¿Qué haces Aquí?

ABOGAD@: ¿ERES CONSCIENTE DE LO QUE COMUNICAS CUANDO OCULTAS INFORMACIÓN?

ERES CONSCIENTE DE LO QUE COMUNICAS

Tú que me estás leyendo ahora mismo, déjame hacerte dos preguntas directas. La primera:

¿Alguna vez has ocultado información a tu equipo?

Puede que lo hagas de manera intencional, creyendo que estás protegiéndolos o manteniendo el control. O quizá ni siquiera te has dado cuenta de que lo haces. Pero sea cual sea el caso, el impacto es real y tiene consecuencias.

Si eres consciente de que ocultas información, entonces ya sabes que lo haces. Ahora, ¿has pensado en qué efectos tiene esa falta de transparencia en tu equipo, en los resultados del servicio que prestan y en cómo los percibe el cliente?

Cuando eliges comunicar de manera fragmentada, dejando fuera información clave, esto es lo que ocurre:

Impacta en tu equipo…

Si tu equipo no tiene claridad sobre los objetivos, las expectativas o la estrategia, trabajará con incertidumbre. Y la incertidumbre es terreno fértil para la especulación, la desconfianza y la falta de compromiso. En un entorno legal, donde la precisión es clave, esto puede traducirse en errores, conflictos internos y decisiones mal informadas. Con el tiempo, el equipo se vuelve menos eficiente y pierde cohesión.

Impacta en los resultados del servicio…

Ocultar información afecta la calidad del servicio que prestas. Un equipo que no está completamente informado no puede anticipar problemas, tomar decisiones estratégicas o responder de manera efectiva a las necesidades del cliente. Sin información completa, los resultados pierden solidez, se cometen errores y se desaprovechan oportunidades de mejora.

Impacta en la percepción del cliente…

El cliente confía en la transparencia y la claridad del equipo legal que lo asesora. Si percibe contradicciones, falta de información o respuestas ambiguas, su confianza disminuye. La percepción que tiene sobre la firma y su capacidad profesional se debilita, afectando la relación a largo plazo y su disposición a recomendar los servicios.

Impacta en tu liderazgo…

Ocultar información te convierte en un líder menos confiable. Tu equipo comenzará a preguntarse qué más estás guardando, por qué no compartes ciertos datos y cuál es la verdadera razón detrás de tu silencio.

«La confianza, una vez fracturada, es difícil de recuperar».

Un liderazgo basado en la ocultación termina aislando al líder, debilitando su autoridad y fomentando la desmotivación del equipo.

Agatha Christie lo decía con claridad: “Las conversaciones son siempre peligrosas si se tiene algo que ocultar.” Y en el liderazgo, esto es aún más cierto.

Y ahora la segunda pregunta:

¿Qué pasa si no eres consciente de que ocultas información?

Si después de leer esto crees que la falta de transparencia no es un problema en tu equipo, te invito a hacer un ejercicio: revisa si alguno de estos síntomas está presente en tu entorno de trabajo.

  • ¿Tu equipo parece confundido o desmotivado?
  • ¿Las decisiones se toman sin tener todos los elementos clave?
  • ¿Los clientes hacen preguntas sobre aspectos que deberían estar claros desde el inicio?
  • ¿Tu equipo no confía en ti como líder o muestra resistencia a seguir tus indicaciones?

Si reconoces alguno de estos signos, quizás sea momento de revisar tu forma de comunicarte. Puede que, sin darte cuenta, estés dejando información fuera y afectando el rendimiento de tu equipo, la calidad del servicio y la confianza de tus clientes.

La transparencia en la comunicación no significa perder control, sino construir confianza. Y sin confianza, no hay equipo, no hay servicio sólido y no hay liderazgo que se sostenga.

Entonces dime, ¿cómo estás comunicando?

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¿Adónde voy?
Una pregunta incómoda pero necesaria

A lo largo de mi carrera, he tenido muchas conversaciones con profesionales del derecho que, probablemente como tú, se han enfrentado a momentos de duda e incertidumbre. En estas charlas, me han compartido experiencias que se repiten más de lo que imaginas. Uno de ellos, por ejemplo, me confesó no estar seguro de si realmente disfrutaba su trabajo o si lo que sentía era simplemente el peso de un desgaste acumulado. Me dijo que, en ocasiones, no le gustaba cómo era cuando trabajaba: cómo reaccionaba, cómo se relacionaba con los demás, cómo parecía perderse en el camino. Y luego, compartió una frase que resuena con muchos otros profesionales: «No sé a dónde voy» .

¿Te suena familiar? Si es así, no estás solo. Muchos profesionales visionarios como tú, que día a día resuelven problemas complejos para sus clientes o diseñan soluciones para desafíos aún inexistentes, de puertas para adentro se sienten perdidos.

Hay un ruido de fondo constante, un malestar que aparece en los momentos de silencio: en casa, en el coche, en la cama. Ese ruido de fondo, casi imperceptible durante la vorágine del día a día, cobra fuerza cuando la actividad cesa. Es entonces cuando aparecen las preguntas, las dudas, la incomodidad de no saber si el problema está en lo que haces o en cómo te sientes mientras lo haces.

¿Te has detenido a escuchar ese ruido?

Ese ruido de fondo puede pasar desapercibido porque el ruido ambiental del trabajo lo solapa. Pero cuando el ruido ambiental baja, el de fondo emerge con fuerza. Si no lo escuchas, no lo analizas y no lo gestionas, puede llegar a un punto en el que se vuelva insoportable. Y cuando eso pasa, las consecuencias pueden ir desde el insomnio hasta una disminución en la calidad de tu trabajo y, en algunos casos, incluso en tu autoestima.

A veces, en conversaciones de coaching, mis coachees me dicen que culpan a su trabajo de cómo se sienten: “Es el trabajo lo que me está afectando”. Entonces les pregunto: ¿De verdad es el trabajo? ¿O es cómo te sientes cuando lo haces?

¿Te has detenido a reflexionar sobre esto?

Sé que detenerte puede parecer imposible. Me lo dicen todos: “Fernando, es que no tengo tiempo”. Y yo siempre respondo con números:

  • Si trabajas 10 horas al día durante 22 días al mes, eso suma 220 horas al mes.
  • Si dedicamos 45 minutos a la semana a una sesión de coaching, eso son 3 horas al mes.

Haz las cuentas: eso es apenas un 1,36% de tu tiempo mensual.

Entonces, te pregunto: ¿puedes dedicarte un 1.36 % de tu tiempo para detenerte, analizar, identificar y gestionar ese ruido de fondo? ¿Puedes permitírtelo para tomar el control y encontrar respuestas?

La mayoría de mis coachees, después de pensarlo, responden: “Creo que sí”. Y es ahí donde empezamos a trabajar juntos, no para que yo te dé respuestas, sino para que te ayude a apuntar tu propia linterna hacia esos lugares incómodos, pero llenos de posibilidades.

Porque si no sabes qué es lo que realmente te incomoda, ¿cómo vas a solucionarlo?

Y tú, ¿qué harás con ese 1.36 % de tu tiempo? ¿Seguirás intentando enhebrar aguja e hilo cabalgando al galope sin detenerte? Quizás hoy sea el momento de parar, reflexionar y preguntarte, de verdad: ¿a dónde voy?

¿Cuándo es tu momento?

¿Estás esperando el momento perfecto? Te entiendo. A veces creemos que llegará con un gran anuncio, con señales claras y contundentes, pero la verdad es que el momento justo puede ser ahora, mientras lees esto, o quizás dentro de 5 años, en un instante en el que el ruido de fondo te haga detenerte y recordar estas palabras.

Las oportunidades nacen cuando tienes claro que no estás sólo en este camino. Porque cuando ese momento llega —hoy, mañana o en una década— es esencial que seas consciente de que tienes a tu disposición un activo valioso, un socio estratégico, que soy yo. Estoy y estaré aquí para ayudarte a construir ese instante clave y convertirlo en un punto de inflexión.

Tu momento no está condicionado al tiempo, lo está en las decisiones que tomes.

Hasta luego, nos vemos en TU momento.