Déjame compartirte una reflexión, al hilo de lo que he ido escribiendo durante las semanas anteriores, que se me ha ido formando después de muchas conversaciones sucedidas durante mis procesos de coaching ejecutivo con profesionales del derecho. Y lo hago convencido de que puede ayudarte a mirar tu práctica desde otro ángulo, ese que muchas veces descuidamos porque estamos atrapados en la inercia de “cómo se hacen las cosas en el mundo jurídico”.
En pocas palabras:
«Si te explicas de manera clara, ya llevas una ventaja frente a otro colega que no lo hace.».
No me refiero solamente a la corrección técnica, que se supone ya damos por sentada. Hablo de claridad real. Esa que permite que quien te escucha –tu cliente, tu equipo, tu contraparte– entienda a la primera lo que estás diciendo, sin tener que descifrarlo como si fuera un texto en latín.
Y es que muchas veces caemos, sin darnos cuenta, en el uso de un lenguaje complejo, rebuscado, lleno de giros técnicos o fórmulas de redacción que aprendimos en la facultad o copiamos de otros colegas. Pero el cliente no está en tu cabeza, ni tiene por qué entender tu jerga. Si tú logras que te entienda con claridad, no solo aumentas su confianza, sino también tu autoridad profesional. Y si además tu explicación le genera tranquilidad, porque resuelve su duda o su problema de forma concreta, ya te has ganado algo valiosísimo: su fidelidad.
La forma también importa: menos distancia, más humanidad
Otro punto que quiero compartir contigo tiene que ver con las formas. ¿Alguna vez te detuviste a pensar cómo suenas cuando hablas con un cliente? No hablo solo del contenido, sino del tono, de las palabras que eliges, de la actitud con la que te expresas.
Muchos abogados y abogadas se escudan detrás de una capa de formalidad excesiva, de una diplomacia distante o de un estilo demasiado académico. Lo hacen, tal vez, para protegerse, para mostrarse profesionales, para parecer más expertos. Pero lo que no advierten es que esa forma de comunicarse genera barreras. Y los clientes no quieren barreras. Quieren personas que los escuchen, que los entiendan, que se acerquen a ellos con humildad, con empatía, con autenticidad.
Quien logra transmitir cercanía, con un trato sencillo pero correcto, tiene una ventaja competitiva inmensa. Porque no solo resuelve el problema legal, sino que se convierte en una figura de confianza. Y eso no se compra con títulos ni con galardones. Se construye en cada conversación.
La brevedad como síntesis de inteligencia
Ahora bien, si a la claridad en el contenido y a la sencillez en la forma le sumas la capacidad de ser breve, de ir al punto, de no dar vueltas innecesarias… entonces tienes un cóctel imbatible.
El cliente no quiere discursos eternos. No necesita saber todo lo que tú sabes. Necesita respuestas. Quiere certezas, escenarios, opciones. Agradece cuando le explicas lo que necesita saber, con precisión y sin rodeos. Eso es efectividad comunicativa. Y esa efectividad también es un activo profesional.
El abogado o abogada que se pierde en explicaciones largas y complejas puede estar mostrando inseguridad, falta de enfoque o simplemente una necesidad de demostrar cuánto sabe. Pero el cliente puede percibirlo como falta de dominio del tema. Paradójico, ¿no?
¿Y entonces qué podemos hacer para no caer en estas trampas?
Te propongo tres acciones simples, pero poderosas:
Haz el ejercicio de explicar tu servicio o tu propuesta legal (si puedes) como si se lo contaras a alguien ajeno al derecho. Si esa persona lo entiende, vas por buen camino.
Revisa tus correos, tus informes y tus conversaciones clave. ¿Podrías decir lo mismo con menos palabras y un tono más directo? Entonces hazlo.
Entrena tu escucha y tu empatía. Hablar sencillo no es ser menos profesional. Es ser más humano. Y hoy eso se valora más que nunca.
En un mercado legal cada vez más competitivo, donde muchos ofrecen lo mismo, tu forma de comunicarte puede marcar la diferencia. No la subestimes.
Hablar claro, con sencillez y brevedad no es una cuestión de estilo. Es una estrategia inteligente. Una que, si la incorporas, te va a ayudar a destacar, a conectar mejor con tus clientes y, sobre todo, a ser más efectivo en lo que haces.
¿Te animas a revisar cómo estás comunicando tu valor como profesional del derecho?


