Después de más de mil horas de conversaciones profundas con abogados y abogadas en toda Latam, te hablo a ti, que ostentas responsabilidades dentro de tu firma a diferentes niveles, desde un lugar al que no se llega leyendo libros ni acumulando títulos: te hablo desde la experiencia viva, acumulada semana a semana, sesión tras sesión, rostro a rostro. He tenido el privilegio de acompañar a decenas de profesionales en procesos de coaching ejecutivo de al menos diez sesiones cada uno. Y te puedo asegurar algo: cuando una persona se sienta, se toma 45 o 60 minutos semanales, y se permite hablar con total honestidad —sin miedo al qué dirán, sin temor a consecuencias políticas dentro de su firma, pues todo lo hablado en cada sesión es confidencial—, lo que emerge de esa conversación tiene un valor incalculable.
Imagínate lo que lograría al conversar individualmente, durante tres meses, con cada uno de los socios de tu firma: veinte socios, diez sesiones cada uno, alrededor de 200 horas de escucha activa, de exploración profunda. Me guardo las frases, las impresiones, todo lo dicho por mi coachee, pero genero información, la organizo, la interpreto, la estructuro y la devuelvo, al managing partner y a los socios en forma de tendencias, de visiones compartidas y divergencias constructivas. Sin nombres, sin atribuciones, solo lo que realmente flota en la nube de opinión de tu firma. Lo que está, aunque nadie se haya atrevido a decirlo en voz alta. ¿Qué valor le das a ese conocimiento?
Y esa nube de conocimiento no es algo etéreo, está compuesta por la inteligencia colectiva de la firma: por la experiencia vivida, por las habilidades puestas en práctica, por los aprendizajes que cada profesional ha acumulado a lo largo de su carrera, pero que muchas veces no encuentra espacio para compartir. Es conocimiento valioso, pero silencioso, y solo se accede a él a través de una inversión de tiempo real, de introspección genuina, de confianza, y de una honestidad valiente. No hay atajos. El coaching ejecutivo es ese espacio donde todo esto puede emerger, pero únicamente si se lo habita con actitud de apertura y compromiso.
Es fundamental que cada responsable de la firma vea el proceso como un espacio de posibilidades, no como un juicio. Un lugar donde explorar opciones, caminos, ideas. Pero siempre que esa exploración parta de una sinceridad profunda con uno mismo, de una voluntad clara de dejar de sabotearse, de mirar al espejo sin filtros. El conocimiento generado tendrá valor solo si la información sobre la que se construye es honesta. Y eso requiere una actitud coherente con quién es el profesional, con lo que realmente desea y con el compromiso de enfrentar antes lo que necesita para lograrlo.
“Puedes ponerte como meta correr la maratón de Nueva York, pero si pesas doscientos kilos y hace quince años que ni siquiera caminas rápido, la actitud que necesitas no es la de quien se inscribe mañana, sino la de quien se prepara desde hoy con metas realistas, con disciplina y con una transformación interior auténtica”.
Todos los managing partners con los que he trabajado reconocen lo mismo: nunca han tenido tantas conversaciones con cada uno de sus socios. Ni lo han logrado, ni lo han intentado. Porque en la dinámica diaria de la firma, eso parece imposible. Y sin embargo, se puede. Pero ¿qué podría aportar a tu firma la información que se obtiene de casi 200 horas de conversación con los principales responsables de su sostenibilidad, es decir, de sus líderes, sin dar oportunidad al conflicto y a la destrucción y sí al conocimiento y a la mejora continua?
El coaching lo demuestra. La información que emerge cuando se da el espacio es reveladora. Pero aquí viene la parte crítica:
“…si después de invertir en obtener todo ese conocimiento, en escucharlo, en identificarlo, almacenarlo y estructurarlo, no haces nada con él… entonces el problema no es la falta de información para generar conocimiento. El problema es otro, el problema es la actitud, tú actitud, vuestra actitud, la actitud corporativa y organizacional de tu firma que se auto sabotea y no se permite crecer, ser escalable, transcender”.
Cuando ya eres consciente de tus descubrimientos, lo eres también de lo que antes “no sabías que no sabías”. Ya lo eres de lo que antes “no sabías que sí sabías”. Y si aun así eliges no actuar, estás frenando la evolución de tu firma, estás dejando pasar una oportunidad única para ser, referente, rentable y sostenible. Estás dejando que la actitud se convierta en un freno.
Y esto no solo pasa en la cabeza de la firma. Lo veo también en los abogados y abogadas que, sobre el papel, lo tienen casi todo: conocimiento técnico impecable, habilidad práctica admirable, experiencia ganada con esfuerzo. Pero que se quedan estancados. ¿Por qué? Porque falta el tercer componente de una competencia real: la actitud.
La actitud es la que determina si ese conocimiento y esa habilidad se proyectan en el tiempo. La actitud es la que define si puedes gestionar tus relaciones con eficacia. La actitud es la que te permite liderarte a ti mismo antes de pretender liderar a otros. El control de tu carácter, la gestión emocional, la empatía, la capacidad de comunicar con claridad: todo eso no depende de un diploma, sino de tu disposición interna. De tu mentalidad.
Hoy más que nunca, se necesita un nuevo mindset. Uno que entienda que ser abogado ya no es solo saber derecho y aplicarlo. Es ser generador de valor, impactar en tu entorno, ayudar a que tu firma evolucione, con una actitud que sea la diferencia que hace la diferencia.
¿El objetivo puede ser convertirse en un abogad@ con forma de “O”, como lo propone Dan Kayne con su iniciativa “The O Shaped Lawyer”? Este perfil del profesional del derecho ha sido adoptado por organizaciones como Network Rail, DHL, EasyJet y NatWest, entre otros. Cinco «O» que resumen lo que toda firma debería buscar en sus abogados, y lo que todo abogado debería aspirar a ser si quiere trabajar para esas organizaciones:
- Optimistic: La actitud de creer que algo mejor es posible. La esperanza activa, no ingenua, que te mueve a actuar.
- Open: Mente abierta para escuchar, para aprender, para aceptar que no tienes todas las respuestas.
- Opportunist: Ver oportunidades donde otros ven problemas. Estar atento, presente, creativo.
- Original: Ser tú, sin disfraz. Aportar tu autenticidad, tu perspectiva única, tu voz.
- Ownership: Hacerte responsable de lo que haces, dices, decides y recomiendas. Sin excusas.
Y aquí es donde se encuentra sentido del trabajo del Coaching Ejecutivo contigo, con tu equipo, con tu firma: ayudarte a que seas consciente de dónde estás, a dónde quieres llegar, qué te lo impide, con qué cuentas y qué necesitas desarrollar. Pero antes de todo eso, ayudarte a que respondas con sinceridad a una sola pregunta:
¿Tu actitud te ayuda a conseguir los cambios que necesitas para conseguir tus objetivos?
Si no lo es, estás a tiempo. Pero el cambio no empieza en el otro. Empieza en ti. El Coaching Ejecutivo puede ayudarte a encontrar ese punto de partida, pero la decisión y la responsabilidad es tuya.
¿Y ahora? ¿Qué?


